Hasta este blog has llegado una curiosa noticia que tiene todos los ingredientes para convertirse en la próxima gran leyenda urbana de Internet. Se trata de algo tan usual como una fotografía realizada con un móvil. A estas alturas, muchos estarán ya pensando en desenfoques, retoques digitales y demás técnicas fraudulentas de las habituales para conseguir que un plato se convierta en un ovni o la transformación de una polilla en un “ente alado divino”. Pero esto sobrepasa todo eso, dando lugar a una leyenda en la que la historia toma un cuerpo especial al apoyarse de tan interesante manera, puesto que la imagen que sustenta el relato no tiene manipulación alguna, y si la tuviera seguiría poseyendo el mismo valor de misterio.

Antes de seguir, se debe hacer una importante reflexión sobre cómo los teléfonos móviles, las cámaras portátiles que la tecnología ha puesto a casi todos nosotros en nuestros bolsillos, esperando el momento para dejar a un lado su categoría de terminal telefónico para convertirse en capturadota de imágenes allá donde se necesite, como un testigo mudo y expectante de lo que antes no se podía captar y ahora es ya posible, de hecho, demasiado posible.

Y decimos “demasiado posible” porque esta tremenda generalización de los hechos ha dado lugar a un sinfín de imágenes y vídeos sin ton ni son en calidades que dejan bastante que desear y en los que cualquier montaje “está” permitido. Así, los jóvenes de hoy día disfrutan de un artilugio a través del cual se traspasa la conciencia de mera cámara para convertirse en un capturador de momentos inventados, artificiales… Pero dejemos esta reflexión para otra ocasión y centrémonos en lo que nos trae hoy aquí: un caso que, de ser cierto, tendría todas las posibilidades de hacerse un merecido hueco entre los grandes enigmas del misterio.

La historia comienza con una mujer (de nombre y procedencia indeterminados) y la compra de un nuevo teléfono móvil. Llegada la noche y tras un largo día de trabajo, nuestra protagonista dejó el móvil sobre la mesa mientras cenaba. Como es lógico, al igual que un juguete nuevo, su hijo, un niño de corta edad, se interesó vivamente por el aparato, y pidió a su madre permiso para jugar con él. La respuesta fue clara: podía jugar siempre y cuando no mandara mensajes o realizara llamadas.

La noche prosiguió como si tal cosa para ella, hasta que sobre las 23 horas comenzó a sentirse cansada y decidió acostar a su hijo e irse ella también a su cama. Fue hasta la habitación del niño, pero comprobó que no se encontraba en ella, lo que le extraño bastante. No obstante, una rápida búsqueda hizo que encontrara a su hijo dormido en su propia cama, conservando aún el móvil entre sus manos. Con una leve sonrisa, la madre retiró cariñosamente el móvil de entre sus pequeñas manos y, en ese momento, comprobó que el chaval había jugueteado con el teléfono, ya que había puesto otro fondo de pantalla y movido algunos iconos.

Pero su sorpresa fue mayúscula cuando, al acceder al área de imágenes encontró, entre el resto de fotografías que el niño había tomado durante su juego, un último archivo donde se veía a su propio hijo durmiendo en su cama, como si la foto hubiera sido realizada por otra persona, desde lejos… y en primer plano, ligeramente desenfocado se mostraba la mitad del rostro de una mujer.

Hasta aquí llega la historia. Lo que no se sabe es lo que pasó después, ya que resulta evidente que el susto de esa madre hiciera, cuando menos, lanzar un grito ahogado de terror. No obstante, seguiremos indagando para conocer tanto el origen aproximado del relato como su propagación por los medios de comunicación.

Y para terminar, dejamos la polémica imagen sobre la que se forma la historia. Para algunos será un chiste malo y para otros la prueba de la existencia de fantasmas, espectros y demás seres de ultratumba. Nosotros nos reservamos la opinión a falta de alguna prueba en uno u otro sentido pero… al menos hay que reconocer que es una imagen rara e inquietante…