La crisis… la crisis… ¿Qué crisis?
En la actualidad, es innegable que vivimos en una época de crisis en la que el currito de a pie se gasta más bien poco en su rutina diaria… esta frase recorre lo ancho y alto de este país. Da seamos pobres o ricos, el caso es que parece que el dinero se nos escapa de las manos sin ni siquiera llegar a ellas…
Pero yo me pregunto si esto no es totalmente falso. En un tiempo en el que la crisis hace tanto daño es imposible que se sigan viendo los restaurantes llenos, y no en fin de semana, sino un lunes, martes… Si salimos un sábado, pocos son los que se cortan a la hora de tomar unas copas. Y eso es en lo que respecta a economía del ocio, pero existen muchos más ejemplos que rayan en lo excéntrico.
Actualmente, la cultura al cuerpo y la imagen ha hecho que florezca toda una suerte de negocios dedicados a la belleza. Y si ya antes las peluquerías estaban llenas todos los días, ya podemos ver como los SPA aumentan su oferta con tratamiento de belleza que resuenan en nuestros oídos como una tiza a mala idea en una pizarra: estamos hablando de chocolaterapia, aromaterapia, cromoterapia, musicoterapia y todoloterapia que se imagine uno. Ahora resulta que si se le añade “terapia” a algo ya nos mejora la salud… pues nada, yo propongo diamantoterapia… ¡Pues no, porque ya existe! No dudo de las virtudes del carbono en estado diamantil, pero lo que sí que creo es que puede haber un plastiquito que funcione igual o mejor.
Al igual que existen los anillos de la vida eterna y todo el mundo lo ve como una locura, también debería saberse que no todo puede valer para terapia de salud. De acuerdo que algunas cosas pueden funcionar, pero antes para quitarse el estrés la gente se iba al campo, a la playa o daba una vuelta, y ahora se dedica a destrozar coches, lavadoras y demás cacharros con una maza tamaño familiar… y lo llaman deporte… y lo peor es que pagan considerables sumas de dinero por ello. Demencial.
Creo que se debería pensar más en que aunque la crisis exista, no afecta tanto como muchos creen ni, por supuesto, a todos los sectores. Y si lo hace es por el miedo que hay, que se acerca bastante al clima apocalíptico de las películas en donde los supermercados se llenan de alocados compradores que corren despavoridos por los pasillos echando todo lo que tenga pinta de comida al carro. Podrá ser exagerado, pero en cuanto anuncian que va a subir la gasolina más de uno es capaz de tirarse en la cola de la gasolinera más de una hora (con el consiguiente gasto de combustible y que, seguramente, supera lo que se ahorrará echando esos pocos litros en su preciado cochazo tope de gama). La verdad es que no veo que se utilice más el autobús que antes de la crisis… y debería ser así ¿no es cierto?
Así que menos cuento de crisis y aceptar que hay dinero. El problema es que existe miedo y, además, nos cuesta reconocer que no nos privamos de una cerveza después del trabajo en vez de hacerlo en casa, de comprarnos ese CD que tanto nos gusta y sin el que no podemos vivir, de hacernos un viajecito de vez en cuando para desestresarnos, de comprar los yogures de marca porque nos saben mejor que los otros que son iguales pero pone Carrefour… de tantas y tantas cosas que sí que hacen que luego no lleguemos a final de mes. Señores un poco de cabeza y miren el día a día pero con un ojo en el mes que viene, que las vacas no siempre están igual de gordas…




June 9th, 2009 a las 4:37 pm
Es curioso esto de la crisis, pues afecta de muy diversas formas.
Te invito a leer un artículo que explica porque desde que hay crisis es imposible conseguir una entrada para un concierto o sitio en un restaurante:
http://www.terceraopinion.net/2009/06/07/cuando-aun-no-habia-crisis/
Un saludo.