TeEl ritual de tomar el té es, para algunos, equiparable al realizado en China, sólo que sin musiquita relajante ni kimonos de por medio. En la Inglaterra más clásica, se asocia todavía las mágicas 17 horas con la toma del té… todos, todos los días. Da igual que nieve o llueva, que haga frío o calor… el inglés está ahí con su té en su taza y su bigote… o al menos así lo imaginamos ¿verdad?Hay tantas maneras de preparar un té que hasta los propios británicos no están de acuerdo sobre cuál es la adecuada. De todas formas, en lo que sí que se está de acuerdo es en que si el té en cuestión se desea tomar con leche, la forma de echar ambos ingredientes es la  siguiente: primero es obligatorio echar la leche y sobre ella el té. Y por si alguno se pone exigente, sólo decir que la leche debe ser fría y sin que previamente haya sido hervida. La explicación a esta aparente locura británica es la siguiente: l té tiene como uno de sus componentes principales los taninos, que son los responsable de su sabor amargo y astringente. Pues bien, al añadir leche al té, los taninos se unen a las proteínas de la leche y disminuye en gran manera su astringencia. Pero si se echara al revés, es decir, la leche sobre el té caliente, las proteínas de aquella se desnaturalizaran perdiendo entonces la capacidad de enmascarar a los taninos. Al echar el té caliente sobre la leche fría se consigue que la temperatura aumente lentamente, dándole tiempo a la leche a realizar su tarea. De la misma manera, en la leche hervida, las proteínas ya se encuentran desnaturalizadas.De todas formas, a mi eso de echar leche al té, personalmente no me gusta nada, ya que se le va el sabor. Cierto es que sí lo hago en el café, pero no es lo mismo…¿o sí?