Ciudades subterráneas… hoy y ahora
Cuando hablamos de las ciudades bajo tierra, pensamos en aquella humanidad que subsiste a duras penas en un entorno apocalíptico generado por la mala cabeza de algún país que lanzó la primera bomba atómica o quizás alguna mucho peor, dando lugar a toda una serie de acontecimientos que terminaron estropeando el medioambiente mucho más de lo que lo harían 100 sprays de laca para el pelo. Así, los habitantes del mundo deberían refugiarse en aquel lugar que aún se encontraría libre de amenazas, tanto ambientales como las derivadas de las mutaciones, como pueden ser enfermedades, nuevas especies de depredadores, etc. Reflejos de esto lo tenemos hasta en la literatura, como ocurre en el reino de Molok expuesto en “El tiempo en sus manos”, o en la obra “Viaje al Centro de la Tierra”, versionadas hasta la saciedad en versiones cinematográficas.
No obstante, no hace falta remitirse a este escenario para que la humanidad, o una pequeña parte de ella, decida internarse en las profundidades de nuestro planeta para protegerse del exterior. Así, este concepto está muy arraigado en ciertas culturas, y sólo hay que echar un vistazo a las trincheras, que no dejan de ser una forma de poner una barrera entre el ser humano y la amenaza que se cierne sobre él. Pero ya en la antigüedad existían pueblos enteros construidos bajo nuestros pies, o incluso ciudades excavadas en la roca, superando las antiguas cuevas de la Prehistoria.
En primer lugar, podemos hablar de la mítica Petra, capital del reino Nabateo y situada en la actual Jordania, al este del valle del Aravá, muy próximo al mar muerto. La famosa imagen que todos tenemos en mente y que, para los más despistados, se muestra en “Indiana Jones y la última cruzada” como supuesto enclave donde se encontraba el santo grial, se trata del edificio de la tesorería.
También podemos hacer referencia a las ciudades subterráneas de la Capadocia, región de la Turquía oriental. Algunos ejemplos de estos enclaves son los de Kaymaklı o Derinkuyu, que no eran sino ciudades enteras donde miles de personas podían refugiarse en el subsuelo y subsistir durante muchos meses sin arriesgarse al exterior. Estas ciudades subterráneas estaban construidas de varios niveles (la ciudad de Kaymaklı tiene nueve subterráneos, aunque solamente cuatro están abiertos al turismo, y el resto están reservados para investigación arqueológica y antropológica), y estaban equipadas con respiraderos, caballerizas, panaderías, pozos de agua, y lo necesario para albergar poblaciones que podían llegar hasta 20.000 habitantes. Cuando estas ciudades subterráneas fueron usadas durante el cristianismo bizantino, algunas cámaras fueron adaptadas como templos y decoradas con frescos en las paredes.
Pero en la actualidad, también existen ciudades en el subsuelo o, al menos, parte de las mismas. Es el caso de Sydeny o Montreal, la última de las mismas con hoteles, edificios de oficinas y centros comerciales en 41 manzanas, distribuidos a lo largo de 32 kilómetros de túneles.
Como vemos, eso de vivir bajo tierra no tiene que ser tan claustrofóbico como pueda parecer en un principio. Así que la próxima vez que alguien nos diga algo sobre las hormigas, pensemos que algún día puede que la humanidad entera nos veamos en la tesitura de tener nuestro propio hormiguero.




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