Copiando las picaduras de mosquito para unas inyecciones indoloras
Buena parte de las personas siente una cierta animadversión hacia la visita del médico, ya sea debida ésta al simple hecho de ir, de dejar en manos del señor con bata blanca nuestros problemas o por algo mucho más palpable: las agujas. Estas diminutas punciones en la piel provocan pánico, mareos, estrés… así hasta completar una larga lista de consecuencias casi todas de corte psicológico y que se somatizan hasta el punto de provocar agarrotamientos musculares, contracturas, sudores, miedo incontrolado y, por supuesto, que el paciente no sea tal, es decir, que no pise la consulta ni siquiera para pedir una descarga con el desfibrilador porque se le haya parado el corazón hace media hora.
Pero queda claro que la jeringuilla es uno de los procedimientos más rápidos, sencillos y efectivos de suministrar el medicamento al paciente, por no hablar de que es casi la única forma viable de extracción de sangre u otros fluidos corporales. En relación a esto, se están investigando constantemente cómo lograr que el paciente no sienta ese molesto pinchazo cuando la piel traspasa la epidermis, provocando el pánico del que hablábamos antes… y parece que las últimas investigaciones apuntan hacia que se ha logrado, y todo gracias a los mosquitos.
Todos conocemos la sigilosa forma que tienen los mosquitos de producir esas dolorosas picaduras que no empiezan a ser tal hasta que empieza a hacer efecto el líquido inyectado por el díptero, pero quizás lo más importante sea el carácter de “microaguja” del que disponen estos animalitos. Inspirándose en su particular diseño, se han creado agujas hipodérmicas que penetran en la piel 1,5 milímetros, sin llegar a provocar el dolor tan molesto de los pinchazos. Aún así, era necesario lograr que estas pequeñas agujas no se partieran a la primera de cambio, ya que su fragilidad las hacía inviables para su cometido. Y una vez más, copiando al mosquito y su aguja portátil, se han realizado numerosos estudios para desarrollar una tecnología que imitase estas agujas naturales. Ejemplo de ello lo tenemos en el trabajo de M. K. Ramasubramanian, que está desarrollando toda una teoría alrededor del asunto.
Y a partir de aquí es cuando el estudio parece sacado de un capítulo de Stargate: cámaras de alta velocidad para el estudio de las picaduras y el comportamiento de la piel al contacto con las agujas, modelos matemáticos desarrollados a partir de los hechos observados, cálculo de componentes poliméricos que compongan el cuerpo de la aguja, etc. No obstante, para los interesados dejamos este enlace en el que se puede descargar parte del trabajo de Oliver M. Barham sobre el particular.
La naturaleza ha demostrado ser mucho más sabia que el ser humano, lo que resulta lógico por la ventaja que le lleva de unos cuantos millones de años de nada y que hacen que se cumpla aquello de “la experiencia es un grado”. Esperemos que pronto podamos ver nuevas agujas, nuevos métodos y una nueva medicina en la que el paciente no sienta miedo, sino incluso placer cuando se le administre algún tratamiento invasivo de esta índole.




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