EstornudoA todos nos parece una de las cosas más embarazosas y, sin embargo, más naturales de lo que puede hacer nuestro cuerpo involuntariamente. De hecho, está tan arraigado en nuestra sociedad que nadie se plantea cómo se veía este hecho en la antigüedad. Pero lo cierto es que no siempre se ha visto con tan buenos ojos. En épocas pasadas, era común asociar el hecho de estornudar con la intervención del demonio o, simplemente, un signo de debilidad o de presagio de muerte o enfermedad.

Ya en la época de oro judía, se “sabía” que muchos años atrás no existían las enfermedades ni el mal, pero que fue Adán al comer el primer bocado de la famosa manzana, el que experimentó su primer estornudo, el primero de la humanidad. A partir de esta creencia, y siempre con el demonio de por medio, es creía que el alma era lo que salí por la nariz en el estornudo, anunciando la muerte del pobre que estornudase.  El origen del deseo de bien a la persona que estornuda es de esta época, cuando Jacob, mientras bendecía a su hijo, comenzó a estornudar. Jacob pidió a Dios que dejase terminar su bendición, y éste aceptó de buen grado.

Pero la cosa cambió cuando se dieron cuenta de que no “era obligatorio morirse” tras el estornudo, con lo que se pasó a lo contrario: el estornudo se consideraba una muestra de fortaleza, de superioridad sobre la salud de los demás, hasta el punto que estornudar durante una oración era signo de buena suerte porque supuestamente se bendecía la devoción de esa persona hacia Dios.

Y en la Grecia clásica, Prometeo fue el culpable de traer el estornudo a los hombres, ya que inhaló por error un rayo de luz que robó a Zeus, provocando un tremendo estruendo. Pero poco apoco, los sabios griegos entraron en acción para asociar el estornudo como causa y cura de enfermedades epilépticas, el hipo otros trastornos respiratorios.

Y pasamos a la Edad Media donde, con la llegada de la peste, se vuelve a considerar nefasto para la salud del “estornudante”. Es por ese motivo por lo que se deseaba salud, o se decía “Jesús”, que era lo mismo que decir que ese estornudo no sea “un presagio de enfermedad y sí de salud”. Pero es la tradición judía la que tiene la costumbre más extraña en relación a desear buena salud en el momento del estornudo: cuando alguien estornudaba, se le tiraba de la oreja al tiempo que se deseaba “salud”, para tirar de nuevo de la oreja contraria y decir “crece y florece” en caso de que se repitiese el estornudo.

Pero también es extraño el hecho de no poder estornudar, ya que puede resultar incluso más molesto que hacerlo. De hecho, para los hindúes es signo del demonio que una persona no consiga estornudar. Incluso en otras culturas, como la africana, se considera que provocar el estornudo alivia los dolores de cabeza.

Pero… ¿cómo ve la medicina moderna el estornudo? Básicamente de dos formas: cuando éste se presenta de forma aislada y ocasional, es sólo un reflejo fisiológico que genera el aparato respiratorio para expulsar algún cuerpo extraño. Por el contrario, si esta sintomatología es repetitiva, pasa a considerarse una amenaza patológica.

Sólo un apunte curioso: ¿alguien tener los ojos abiertos mientras estornuda? Inténtenlo… es humanamente imposible.