La comida en el espacio
Todos hemos visto en las películas el “sabroso menú” que los astronautas tienen que sufrir durante sus paseítos, pero en el pensamiento colectivo tan sólo suele haber la idea de alimentos deshidratados, la bolita ingrávida de líquido que es más para juegos que para beber realmente y las pastillas de pollo que sacian igual que una comilona… y a lo mejor las cosas son un poco distintas, veámoslo:
En primer lugar, hay que pensar en que, por muy sabrosa que resulte la comida en el espacio, eso de comer siempre lo mismo puede resultar monótono, aburrido, llegando hasta a aborrecer alguno de esos “manjares”. Es cierto que eso va en gustos y que hay personas que lo llevan mejor que otras pero, al final, si comes durante meses la misma cosa diariamente, el que más y el que menos se termina cansando…
Una vez dicho eso, hay que olvidarse de los tubos de dentífrico llenos de una pasta que resulta ser comestible, como ocurre en las óperas del espacio y demás del género. En su lugar tenemos que pensar en pequeñas bolsitas rellenas de comida desecada, obviamente, para ocupar un lugar muy reducido y, por supuesto, mejorar sus condiciones de conservación. A estas bolsitas se les inyecta agua caliente, cocinándose “en su propio jugo” durante unos minutos y… ¡ya estamos listos para la pitanza!
Así, el zumo y las comidas resecas están a la orden del día, por lo que imaginamos un armario ideado específicamente para mahonesa, Ketchup y demás salsas que animen la vida un poco a los tripulantes, aunque a veces… ni con esas.
Y además de todo ello, una vez “saciados”, llega la hora de la digestión, esta vez en gravedad cero, lo que puede constituir para cualquiera que sea un poco “dificultoso” para la tarea. Y en caso de no serlo… hay que imaginar la sensación de succión que experimentan los astronautas, que lanzan al espacio sus cositas. Recuerdo haber visto alguna vez la expulsión de aguas menores al espacio… resultaba hasta hermoso, pero cuando esas aguas crecen y pasan a ser mayores, la cosas debe cambiar… no sé para qué mandar sondas con los sonidos de la Tierra, su costumbres y demás cuando a la vez estamos “sondeando” el universo con otro tipo de sondas… más pequeñas, aunque lo bueno es que en el espacio no se expande el olor de la misma forma que con las condiciones de atmósfera a la que estamos acostumbrados… menos mal.
Aun con todo, más de uno estaría dispuesto a pasar por esa experiencia con tal de vivir la que realmente importa: el espacio. De todas formas, también se sabe que a los astronautas les dejan llevar artículos de carácter personal… y sólo puedo imaginar a Pedro Duque con un salchichón debajo del brazo.



September 18th, 2008 a las 10:03 am
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