Los pekineses tendrán oficialmente el “día de la cola”. No nos referimos a los perros, sino esas personas que son pekineses, y no es que tengan cara de perro… es que son de Pekín. Como ya se sabe desde hace mucho, Pekín es la próxima sede de los Juegos Olímpicos. Esto no tendría nada de particular si no fuera por el revuelo que se monta allá donde van las olimpíadas. El auge económico de la ciudad se palpa en la gran afluencia de deportistas, público, personalidades y personajes varios que se dirigen a la sede, así que Pekín espera acoger millones de personas durante el tiempo que dure el evento. Por eso, ni nos imaginamos el jaleo que puede montarse si a tanto extranjero le sumamos una buena dosis de habitante pekinés…

Pero para este tipo de eventualidades, la cultura asiática va siempre un paso por delante de nosotros y ya tiene previsto un plan de acción que ayudará a que los tumultos se reduzcan en gran medida, lo que supondrá un alivio en cuanto a las aglomeraciones. Uno de los puntos clave del sistema se basa en lo que han denominado “día de la cola”: el día 11 (escogido por simular la espera del “1” detrás del otro “1”) Pekín entrenará la forma de hacer colas. Puede parecer absurdo a ojos occidentales, pero en realidad es que, en un país donde se multa por escupir en público, hay ya un día de “ceder el asiento” y los policías están obligados a decir “gracias” y “por favor” bajo la pena de vestir de Kitty o que los taxis deben oler bien obligatoriamente… no nos puede extrañar en absoluto que exista “el día de la cola”.

En principio parece que todas estas normas están pensadas para favorecer el espíritu de la ciudadanía y fomentar las buenas maneras de las personas, pero en realidad también existe esa “vuelta de tuerca” que hace que pase de castaño a oscuro: también existen las prohibiciones de gritar o correr en la calle, pero quizás lo peor sea la imposibilidad de llorar en la calle. Cierto es que mejor sería que no se pudiera escupir en la calle, pero en un país donde está prohibido llorar, no es que crea que me pudiera sentir “ciudadano” y “libre”.