Si bien es universalmente conocida la particularidad de la obra, objeto de la presente exposición, a través de la onírica relación entre el egocentrismo y el culto a la imagen entremezclados con la hipotética fascinación por un retrato del protagonista que recoge su envejecimiento y libra a Dorian de él, también hay que tener en cuenta cómo, aun aceptando como plausible la mencionada aseveración que se plantea como cierta, la Ciencia explica cómo esto no sería posible aunque un observador ajeno pudiera afirmar con rotundidad la eterna visión de juventud del retratado.
A modo de primera aproximación, la novela se concibe como un relato de terror enmarcado en la época en la que fue escrito, es decir, en la Europa del siglo XIX, donde la cultura de la novela fantástica de Oscar Wilde muestra unos compañeros tan representativos como Lovecraft, Byron o Poe. Es de destacar el ambiente de decadentismo que se remarca en la obra y que se expone a través del hedonismo desmesurado y el pensamiento asimilable a una corriente casi neorromántica, sin duda un claro reflejo de la época victoriana y la visión de la burguesía existente en el momento, cuanto más sus valores tratados de forma extrapolada.
La Revolución Industrial es otra de las características que se deducen con omnipresencia latente en la obra, pero no sólo teniendo en cuenta el nivel de progreso en la Ciencia y la Técnica, sino por el hecho de representar una época en la que la propia Ciencia desecha siglos de desarrollo en el pensamiento científico, investigador y, en cierto modo, social y cultural. Con todo, la repercusión del resurgimiento de la doctrina evangélica y la evolución conforme a los derechos legales de la mujer también hacen que el hombre se encuentre en una posición de inferioridad conceptual que le hace buscar nuevas formas de expresión, siendo la estética una de las mejores vías para plasmar un equilibrio en una sociedad hasta entonces marcadamente patriarcal y, a partir de ese hito, encaminada hacia el saber de la mujer como emblema social, intelectual, político y económico.
La novela, acusada de inmoral y decadente apenas días después de su publicación debido al aparente conservadurismo de los círculos intelectuales del momento, narra la relación entre Dorian Gray, un hermoso joven, y su retrato pintado por Basil. El apetito de Dorian por mantener su belleza hace que comience a desear que sea el retrato el que envejezca en su lugar, cosa que acaba ocurriendo para sorpresa del protagonista. Tras encontrar el amor en Sybil Vane y el suicidio de la misma, hace que Dorian achaque su desdicha al cuadro. El propio Dorian, en un arranque de impotencia y locura, acuchilla su propio retrato, si bien sus criados le encuentran apuñalado y decrépito, junto al cuadro, que ha retomado el estado original de cuando fue pintado, es decir, mostrando la belleza de Dorian.
Pero dejando de lado la metáfora que se expresa en la obra, debemos centrarnos en el hecho de que un simple deseo hace que sea el cuadro el que envejezca, no así el retratado, de forma que parece que se hubiera establecido alguna conexión entre ambos y que la pintura absorbiera de forma casi maravillosa los signos de envejecimiento. Admitiendo lo anterior y teniendo como única y evidente fuente de información la propia obra, este experimento se podría entender desde un punto de vista científico como un material que absorbiera el envejecimiento celular y lo plasmase en la pintura, librando de males, enfermedades y demás fallos en la piel y el cuerpo que irremisiblemente surgen como consecuencia del paso del tiempo en el cuerpo humano.
Sin duda, y sin contar la posible eliminación de enfermedades internas, la piel es la protagonista del efecto, que consigue mantenerse tersa y sin manchas, amén de otras consecuencias de la vejez, tales como bolsas oculares, descolgamiento facial, crecimiento de orejas y nariz, pérdida de pelo, etc.
Se llega, así, a un punto interesante en el que se “demuestra” una fuente de la juventud que elimina los problemas corporales indefinidamente, manteniéndolos en estado latente. Pero si se acepta lo expuesto hasta el momento, asimismo se debe tener en cuenta la realidad de la Física Molecular, esto es, el reciclaje de cada uno de los átomos del cuerpo y, por consiguiente, de las células que lo componen, imposibilitando de raíz la afirmación de que el cuadro tenga la habilidad de congelar el envejecimiento del cuerpo de Dorian.
Para afrontar lo anterior, es preciso explicar que la media de vida de las células, componente primario de cualquier ser vivo, se encuentran en constante nacimiento, desarrollo y muerte, es decir, renovándose constantemente. Cada tipo de célula tiene una esperanza de vida diferente, debido a su morfología y finalidad. Así, por ejemplo, los glóbulos rojos sólo viven unos 120 días y las células que recubren el estómago así como las de la epidermis, un par de semanas. Tan sólo las neuronas de la corteza cerebral parece que duran hasta la muerte, si bien esto no quiere decir que no pueda morir por razones ajenas al envejecimiento natural (exceso de alcohol, radiación, falta de nutrición o hidratación, etc.). Por ello, tal y como asegura la Ciencia, la edad de cualquier cuerpo humano puede rondar tan sólo 10 años, o incluso menos. La razón de que aun esta corta edad, las personas se comporten acorde a su edad natural y no a la de sus células radica en que, tal y como se ha apuntado anteriormente, algunas células no se renueva, siendo su máximo exponente las pertenecientes a la corteza cerebral, a la postre responsables del comportamiento.
En este punto, es lógico pensar que si existe un reciclado de células, no es coherente que las nuevas se comporten de idéntica manera que sus predecesoras, si bien esto tiene una sencilla explicación basada en dos afirmaciones:
En primer lugar, se ha demostrado que las células tienen una memoria individual, así como una memoria en cierta forma colectiva, lo que hace que se trasmita el desempeño de las funciones físicas de las viejas hacia las nuevas. No todas las células mueren al mismo tiempo, por lo que dicha memoria colectiva estaría en contacto continuo con todas y cada una de ellas.
En segundo lugar, las células que se mantienen sin renovarse, el cerebro, serían las que marcarían las pautas del resto, dando instrucciones precisas de cómo y cuándo deberían realizar las acciones propias para las que fueron creadas.
Por ello, si se admite que existe una renovación de las células del cuerpo en un máximo de 10 años, también hay que admitir que no hay forma de que el cuadro de la novela pudiera desencadenar que el protagonista mantuviese su juventud. En todo caso, se podría hablar de varias hipótesis que haría valedero el razonamiento de la novela:
Si admitimos el carácter “mágico” del retrato, pensar en un control de las células cerebrales, que harían que no hubiese un envejecimiento de las controladas por la corteza cerebral. Esto, sin duda poco probable, explicaría la locura del protagonista como efecto secundario de un control continuado por parte del cuadro. Aún así, cabe tenerla en cuenta como explicación posible de la razón de la eterna juventud de Dorian Gray.
Otra cuestión residiría en que el retrato tuviera la capacidad de alterar el envejecimiento natural directamente en las células, lo que se imposibilitaría por la morfología propia de dichas células, que necesitarían de un desarrollo normal para mantener el desempeño de sus funciones de forma total y absolutamente correcta.
Por último, y no por ello menos importante, una mutación en el ADN del protagonista se sugiere como la posibilidad más cercana a la realidad. Esto implicaría un desarrollo irregular de las células, dando lugar a que éstas tuvieran un ciclo vital mucho más dilatado en el tiempo y, a ojos de un observador, daría la impresión de una aparente eterna juventud del retratado. Existen casos de enfermedades en las que la apariencia no se encuentra acorde con la edad de las personas, es decir, que poseen una edad pero aparentan otra muy distinta. Para ilustrar lo anterior hablaríamos de la progeria, una rara enfermedad en la que sus síntomas se asemejan sobremanera al envejecimiento normal en el cuerpo humano, si bien ocurre en niños de corta edad. La causa del 90% de los casos documentados de esta enfermedad se encuentra en una mutación del gen encargado de codificar la proteína lamina A. Actualmente no existe un tratamiento viable para esta enfermedad, debido a que se desconoce las razones de su aparición.
Como puede observarse, si bien la creencia en un poder desconocido otorgado por el deseo de Dorian Gray para con el cuadro hace que se desarrolle un abanico de posibilidades adyacentes que se explicarían de forma aceptable a través de una enfermedad genética o una mutación causada por un agente externo (drogas, alcohol, etc.) o bien por una irregularidad latente que se desarrollaría de forma paralela a la realización del cuadro, atribuyéndose el hecho a un misticismo falso.